En Mendoza, Argentina, entre las montañas cordilleranas, muy cerca del Aconcagua, hay un puente natural, bien conocido en la época colonial por viajeros que cruzaban la frontera con Chile. Por allí pasó también el Ejército de los Andes en 1817. Pero no es por esto que el Puente del Inca es famoso: lo interesante son las fuentes termales que allí se encuentran y que tienen propiedades anti-stress y curativas, así como el esqueleto de un antiguo hotel abandonado.

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En un paraje cordillerano a más de 2.700 metros sobre el nivel del mar, las 5 fuentes de aguas termales riquísimas en minerales, siguen coloreando el paisaje: naranjas, amarillos y ocres son producto de la concentración de diferentes elementos en el agua. Estas propiedades del agua termal dan un aspecto de petrificado al hotel que, inaugurado en 1925, fue destruido 40 años después por un alud.

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El puente fue formado en los sedimentos que quedan luego del paso de un glaciar y luego, erosionado por el río Cuevas que pasa por allí, y endurecido y conservado por una capa ferruginosa, consecuencia de los minerales en el agua termal. Ya los Incas conocían este lugar sagrado y conocían las cualidades curativas del agua. De dicha antigüedad proviene el nombre que conserva aún hoy este hermoso paraje.

Hay muchas leyendas quechuas sobre el origen de este puente, una de ellas nos cuenta que el Inca tenía un hijo con parálisis y, cuando escuchó de este lugar, fue con sus mejores guerreros. Encontraron las termas, pero para alcanzarlas debían cruzar un tormentoso río. Los guerreros formaron un puente abrazados y el Inca cruzó con su hijo. Cuando volvió la mirada atrás se encontró que sus guerreros se habían petrificado.
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Siguiendo por el mismo sendero que nos lleva al Puente del Inca, podemos llegar a la antigua frontera con Chile donde aún se impone el Cristo Redentor.
Hoy ya no se puede visitar el viejo hotel pues es peligroso y no hay persona o estructura para controlar la seguridad de los turistas. Pero, al menos, podemos seguir disfrutando del hermoso paisaje.